sábado, 5 de noviembre de 2016

De atardecida


(Pintura: Luis Nuñez)



Por la ventana mirando
mientras tomo un amargo,
de repente me hago cargo
el cielo está rezongando;
un potrillo retozando
pasa frente de las casas,
al criollo puro de raza
lo sigo con la mirada
mientras pongo "la tiznada"
a un costado de las brasas.

Salgo, muento en el tobiano
-vivaracho, coscojero-
lo cambio por el nochero,
petiso de pelo ruano;
lo desbazo de las manos,
el tuse le emparejé,
al potrero lo largué
por el monte reparado,
después que guardé el recado
freno y rebenque colgué.

El radio estaba prendido,
mientras cambio de alpargatas
dan la noticia ingrata:
¡otro poeta ha partido!;
me quedé mudo, perdido,
ya no sopla el pampero,
tampoco canta el hornero,
el cielo empieza a gotear,
mejor dicho a lagrimear
por Don Luis Domingo Berho.


Estoy muy triste pensando
en eso que ha pasado,
los pájaros han callado
a los pichones cuidando;
cuenta Chamorro cantando
de galpones carcomidos,
que la chata se ha rendido,
y el poeta, imaginando,
ve a un linye caminando
entre los rieles perdidos.

Despacio me va copando
la noche con sus hechizos;
un libro de Carlos Risso
recién estuve hojeando.
Una lechuza chistando
lo pone nervioso al perro,
el silencio del cencerro
me convida a descansar,
y antes de irme a recostar
acaricio el "Martín Fierro".



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