miércoles, 31 de agosto de 2016

Huella Pampa (Huella)



Esta huella que canto
es huella pampa,
de lazos, boleadoras,
facón y guampas.
Se hizo en los caminos
por los reseros,
que arriaban las haciendas
pa' mataderos.

Tiene humo de ayunas,
chaira de fierros,
relincho de baguales,
ladrido'e perros.
Chirrido de rodajas,
canto surero,
la bailó don Segundo
allá en Areco.

Laralaralalarala
Laralaralalarala
la bailó don Segundo
allá en Areco.

Sonido de cencerros,
mugir de haciendas
y un canto en el recuerdo
de alguna prienda.
Y me voy por la huella
al grito de: "¡Hoooooopaaa!",
arriando con mi poncho
la última tropa.

Tiene humo de ayunas,
chaira de fierros,
relincho de baguales,
ladrido'e perros.
Chirrido de rodajas,
canto surero,
la bailó don Segundo
allá en Areco.

Laralaralala
Laralaralala
la bailó don Segundo
allá en Areco.


Sueño con caballos (Suite en tres partes)



1. Caballos en la pampa
2. A mi alazán
3. Caballos en el río

lunes, 29 de agosto de 2016

"Cochengo Miranda"




"Cochengo Miranda" es una película documental, (filmada en 16 mm., en colores) de Argentina dirigida por Jorge Prelorán que fue producida en 1975, nunca fue estrenada comercialmente si bien se la vió el 12 de marzo de 2005 en el Festival Internacional de Cine en Mar del Plata. Colaboraron: Ercilia Moreno Cha, Mabel Prelorán y Alejo Apsega.

Jorge Prelorán (1933-2009) fue uno de los principales referentes del cine etnográico argentino. Sus obras documentan las llamadas "culturas moribundas", denunciando el proceso de transculturación producido en las zonas rurales argentinas. La influencia de los nuevos elementos introducidos por la tecnología (radio, tv, automóvil) y la capacidad de adaptación del hombre, para controlar el ambiente donde vive. Sus personajes siempre pertenecen a zonas rurales marginales con poco acceso a los medios de comunicación.


Soledumbre (Estilo)


(Pintura: Georg Miciu)


La voz de la llanura (Milonga)



Como tantas otras veces
aquí me tienen cantando,
mientras voy desenredando
de la vida los reveses.
Como potro entre las reces,
aparto penas y usuras,
y alivio las mataduras
que afligen a mis hermanos;
soy el sentir del paisano,
soy la voz de la llanura.

Tal vez por ser muy altivo
suelo chocar al de arriba;
tal vez por no ahorrar saliva,
a veces pierdo el estribo,
tal vez porque no me inhibo
cuando la razón me apura;
tal vez porque la censura
duerme el sentir y me daña,
vengo sacando lagaña:
soy la voz de la llanura.

Vengo a traerles la voz
del que en silencio trabaja,
del que no pide ventaja,
del de ancianidad precoz,
del que conversa con Dios
mano a mano y con soltura,
el que a su patria asegura
con sus manos el destino,
soy ese gaucho argentino,
soy la voz de la llanura.

Soy jornalero sin huelga,
soy sudor del maquinista,
dureza del tractorista
cuando la escarcha se cuelga;
soy semilla en cada melga,
esperanza que perdura,
mientras el trigo madura
pa'ser pan en los graneros,
soy rezo del chacarero,
soy la voz de la llanura.

Y aquí estoy pisando fuerte,
argumentao en razones,
soy el grito'e los peones
que no aceptan como suerte,
tener un destino inerte
con una vida insegura,
soy unión, soy mano dura,
que exige una vida digna;
soy del pueblo: la consigna,
soy la voz de la llanura.





El Cantor



Se ha tendido a morir en la llanura
con un gesto de sal sobre la boca;
la suerte le quebró ya los palenques
y no le queda más que ser memoria.

Va estribando el olvido. El olvido,
ese flete de sombras.

Ha venido a morir en muerte oscura
con el rostro hacia el Sur que lo abandona;
no le duele el final, sino el silencio
que corre por los cauces de su trova.

Ah si pudiera rescatar del tiempo
aquél país de otrora,
si sangre elemental, su ruda efigie,
su geografía heroica,
y todos los paisajes aguerridos
que andaban en la cifra y la milonga.

Áspero adiós a tantas armonías,
a ese misterio de sus manos hondas,
al corazón desnudo sobre el aire
como una caracola,
a los tigres de amor y de agonía
cautivos en la piel de las bordonas.

Con el rostro hacia el Sur se va acabando.
Y no le queda más que ser memoria.

China



Vientre del Sur, exangüe fruto pampa,
charqui sin gusto, para un hambre triste;
Alguna vez paloma, pero lejos,
alguna vez lo fuiste.

(Fue ayer, quizá anteayer, ya no lo sabes:
El tiempo tiene dientes de salitre).

Ya no hay jabón de olor para tu pelo,
para tu sien ninguna rosa existe;
Estás en soledad bajo el rebozo
con la mirada chirle,
y te duelen las manos de estar quietas
sin agujas de amor, sin largos tiznes.

¿Cuántas veces mordió tu corazón
el grito del origen,
cuántos hijos  quebraron tu cintura,
cuántas bocas bebieron tus raíces?

El chala se te va por un costado
como harto de imposibles.

Tus hijos son ahora carne patria:
Con ellos se alimentan los fortines.

Un Pampa


(Foto del cacique Pincén)

Era un pampa nomás, dicen las crónicas;
Era un pampa nomás, uno de aquellos,
y le borran así, como si nada,
las huellas del recuerdo.

Ese Pincén. El fue como una espina
profunda en el orgullo fortinero,
y le sobraban toros en la sangre
para gritar allí quién era el dueño.

Ese mismo, ceñido a la Frontera,
unas veces ganando, otras perdiendo,
pero siempre de vuelta en la bravura
con esa laya de los hombres previos.

Hasta que el fin le copan las distancias
y lo dejan de a pie, mordiendo el freno
con una llamarada de agonía
sobre los ojos fieros.

Pero le dura aún esa arrogancia
sobre el triste sabor del cautiverio,
para decir: Yo soy Indio Argentino.
Y era un pampa nomás ¡Uno de aquellos!

jueves, 25 de agosto de 2016

Digo la mazamorra



La Mazamorra ¿sabes?, es el pan de los pobres,
la leche de las madres con los senos vacíos,
-yo le beso las manos al Inca Viracocha
porque inventó el maíz y enseño su cultivo-.

Sobre una artesa viene para unir la familia,
saludada por viejos, festejada por niños,
allá donde las cabras remontan el silencio
y el hambre es una nube con las alas de trigo.

Todo es hermoso en ella: la mazamorra madura,
que desgranan en noches de viento campesino,
el mortero y la moza con trenzas sobre el hombro
que entre los granos mezcla rubores y suspiros.

Si la quieres prefieres perfecta busca un cuenco de barro,
y espésala con leves ademanes prolijos
del mecedor cortado de ramas de la higuera
que en el patio da sombra, benteveos, e higos.

Y agrégale una pizca de ceniza de jume,
la planta que resume los desiertos salinos,
y deja que la llama le transmita su fuerza
hasta que asuma un tinte levemente ambarino.

Cuando la comes sientes que el Pueblo te acompaña
a lo largo de valles, por recodos de ríos,
entre las grandes rocas, debajo de cardones
que arañan con espinas el cristal del estro.

El Pueblo te acompaña cada vez que la comes,
llega a tu lado,¿sabes?,se te pone al oído
y te murmura voces que suben a tu sangre
para romper la niebla del mortal egoísmo.

Porque eres uno y todos, comiendo el alimento
de todos, en la fiesta del almuerzo tranquilo;
la Mazamorra dulce que es el pan de los pobres,
y leche de las madres con los senos vacíos.

Cuando la comes sientes que la tierra es tu madre,
mas que la anciana triste que espera en el camino
tu regreso del campo, la madre de tu madre,
- su cara es una piedra trabajada por siglos -.

Las ciudades ignoran su gusto americano,
y muchos ya no saben su sabor argentino,
pero ella será siempre lo que fue para el Inca:
nodriza de los pueblos en el páramo andino.

La noche en que fusilen canciones y poetas
por haber traicionado, por haber corrompido
la música y el polen, los pájaros y el fuego,
quizás a mí me salven estos versos que digo ...



Como el lagarto




Quiero hallarte en el camino
cada vez que salga en viaje,
como adorno del paisaje
y mojón de mi destino.
Verte en todo lo divino
que tiene el amanecer,
y la nube que al correr
presente a mi vista Dios,
será mensaje de vos
cuando no te pueda ver.

Quiero hallarte, quiero verte,
sentirte en cada momento,
pues eres mi pensamiento
y presagias mejor suerte.
Intenté para atraerte
mis canciones entonarte,
pero resultando en parte
chúcaras y cimarronas,
han cortado mis bordonas
y no he podido cantarte.

Quiero correr sin parar
por lo llano y escabroso,
para llenarme de gozo
cuando te pueda alcanzar.
Después... para completar
apasionados antojos,
besarte los labios rojos
y en un limpión del esparto
¡quedarme como lagarto
dormido al sol de tus ojos!